coro navidad
Fiestas

La actuación de Navidad

Cuando el colegio Méjico propuso a los padres y madres crear un coro que cantase en la fiesta de Navidad, mi primera reacción fue de entusiasmo. Hacía mucho tiempo que no enseñaba en público mis habilidades vocales. La ducha sí, esa las conoce con regularidad, pero desde mis añorados veintipico años, no sometía al juicio de la audiencia mis berridos. Así que me dije: «¡a por ello!; ¿qué puede salir mal?; es un coro, si se me olvida la letra o ese día tengo voz de flauta, hay más personas cantando con mi tono».

coro navidad

Hasta que conocí la canción que interpretaríamos, un villancico rociero que me produjo de buenas a primeras una mezcla de pereza y desafío vocal, pero a la que cogí tanto cariño durante el proceso que ya no concibo las navidades sin un villancico rociero como banda sonora.

El primer día que llegué a los ensayos conocí a Sam, el padre que era la conexión entre el colegio y nosotros. Un tipo generoso, siempre risueño, con una voz grave que cubrió un espacio fundamental en el coro. Además, tocaba la caja. Un multitarea, como un móvil pero con el procesador humano. También estaba Miguel, un padre que tocaba los teclados de forma virtuosa. Y Auxi, una madre que ya conocía del AMPA (es nuestra tesorera), que descubrió su vocación de cantante frente a nosotros. Había otra madre, que me perdone pero no recuerdo el nombre, que apareció un par de veces, pero que no pudo asistir a los últimos ensayos y no actuó en la fiesta.

coro navidad

Hay que reconocer que lo peor de la experiencia fue conciliar la vida laboral y personal con los horarios en los que nos reuníamos. Eso fue lo que en un principio me echo para atrás, pero una vez que me metí a fondo en el fregado, sacrifiqué horas de trabajo para acudir a los ensayos.

Nos juntamos media docena de veces con Almudena, el alma máter del coro, la directora del colegio Méjico y profesora de música cuando las tareas burocráticas se lo permiten. Ella modeló nuestras voces, las acompasó y superpuso unas a otras. Hasta que consiguió que, aquellos sonidos inconexos del principio, se sincronizaran razonablemente bien como para que un público entregado no arrojase al escenario las hojas de reclamaciones rellenas hasta el último punto.

coro navidad

En un par de ocasiones ensayamos con los profesores y el resto del personal del centro. Muchas risas, bastante música y algunos nervios, que completaron una experiencia fabulosa. Incluso alguno se atrevió a pensar en alto que el coro debería continuar en el tiempo y ofrecer al mundo todo el arte que tenemos dentro, que no es poco (ni demasiado). Pero esa es otra historia aún por escribir.

El día de la actuación, por si acaso los nervios me fallaban, apunté en la palma de mi mano el inicio de cada verso. Cuanto terminaron de actuar los verdaderos protagonistas, nuestros pequeños, y Almudena presentó el coro ante la audiencia, nos situamos en las marcas decididas el día anterior y, al ritmo de un dos, un dos tres, dejamos que fluyera todo lo que llevábamos aguantándonos semanas. ¿La mano? Ni me acordé de ella.

coro navidad

Texto: David Generoso Gil